jueves, 14 de enero de 2010

HAY QUE SER MUY HUEVÓN

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Más huevón que haberle comprado a ME-O su disfraz de político progresista e  independiente. Que no respaldaría a ninguno de los dos candidatos porque formaban parte de la política añeja. Que él era el único candidato que representaba la renovación de las ideas. Que él no iría en busca de cuotas de poder. Pero traicionó su propio discurso de “díscolo”. Ahora, si existía una pequeña posibilidad de verlo el 2014, se esfumó.

 Hay que decirlo. Más huevón que creer que Piñera representará un cambio verdadero. Que sus discursos populistas se harán realidad. Que sus principios capitalistas harán crecer a este país equitativamente. Mientras practique la “mano dura” contra el mismo grupo etario al que le promete el paraíso, y no considera que la única solución es el camino hacia la equidad social, no habrán cambios verdaderos. image

Por el momento, dicen ellos, sólo sirven paliativos: Es decir, reparten analgésicos contra el dolor de cabeza a toda una comunidad para que sanen el pesar por un momento, pero ignoran que reaparece tantas veces como se le combate.

Para qué hablar de Frei. Más huevón que confiar que con él la Concerta se  renueva.  Que le entregará un rol más protagónico al Estado. Que está en contra de la privatización, cuando en su Gobierno (1994-2000) lo único que priorizó fue el neoliberalismo capitalista, pero disfrazado de oveja democrática. Vendió hasta lo último que nos quedaba. Estrujo todos nuestros recursos. Y imageya vemos los resultados.

Más huevón que creer en la política. Que creer que alguno de estos dos personajes solucionará algunos problemas claves como distribución de las riquezas, derechos sociales o educación de calidad. Pero no hay caso. Olvídenlo, eso no sucederá. No por ahora.

Por el momento, prefieren contar con gente ignorante lo suficientemente inteligente para hacer el trabajo pesado, pero lo suficientemente tonta como para no darse cuenta que la están cagando todos y cada uno de sus putos días de trabajo, por un sistema que hace 37 años se fue por la borda y que hace 20 llegó remasterizada con el lema de la “democracia”.

viernes, 8 de enero de 2010

Mendigando una solución a la sobrepoblación de perros

Esto es a título personal, pero les aseguro que les incumbe a todos. Cuando salgo de mi casa veo todos los días a cinco perros apostados en la vereda, excremento por doquier, y en unas cuantas cuadras más un quiltro abandonado que me muerde los talones. El problema es que me encuentro lo mismo a la vuelta de la esquina, en la casa de mis amigos, en el centro de Santiago, y en todos lados. Pero esto tiene su explicación.

                                    perro                                                                                    De acuerdo a los datos recogidos por el Senado, de los 3 millones y medio de perros en Santiago, 250 mil sobreviven abandonados en las calles. Y la mitad, tienen dueño. Pongamos un ejemplo que permita comprender mejor el problema. 

En un año, 14 cachorros con un celo cada seis meses se traducirían, al año siguiente, en 98 cachorros con dos celos por año. Al tercero llevaríamos 686 cachorros. Al cuarto, 4 mil 802 cachorros. Y al quinto año, 28 mil 812. ¿Encontrarán todos buenos hogares? Esa es la pregunta del millón.

Algunos políticos apelan a la eutanasia. Grupos pro animales apuestan por la esterilización, y expertos prefieren un proyecto de concientización sobre la tenencia responsable de los animales. ¿Quién tiene la solución, entonces, de un problema que nos afecta, directa o indirectamente, a todos nosotros? Escojamos una o todas las opciones, pero ahora.

Si aplicamos eutanasia violamos, en primer lugar, la ley 20.830 sobre Protección animal. Por lo tanto, entramos en plena contradicción con la legislación vigente. No se entiende que teniendo una ley que vela por el derecho de la vida de los perros apliquemos eutanasia sólo para acabar con un problema que nos afecta a nosotros, los seres humanos. Caemos, nuevamente, en ese egoísmo altanero que nos caracteriza.

En segundo lugar. La eutanasia no permitiría terminar con el problema de fondo. Según el ejemplo anterior, se entiende que por cada animal que muere, nacen el doble, el triple, y vamos contando.

Ahora, si votamos por la esterilización como la alternativa más prudente, puede que estemos un poco más cerca de la solución. Pero existe un problema que soslaya cualquier consideración emocional o sentimental: el dinero.

A través del proyecto de Ley de Tenencia Responsable de Animales y Bienestar Animal, el Ministerio de Hacienda invertiría seis mil 500 millones de pesos en un plan de control de perros vagos que incluye la esterilización. Pero ya vimos cómo algunas autoridades políticas y pro animales –Guido Guirardi y Patricia Cosas, respectivamente– señalaron que, como mínimo, se necesitan 10 mil millones de pesos para aplicar el plan masivo. Dinero que, lamentablemente, no existe.

Siguiendo esta lógica, quedan dos cosas para pensar. Que el Gobierno sólo tiene disposición para gastar perrosrecursos en un plan que financia una matanza animal –porque en eso se traduciría la eutanasia, considerando la numerosa cantidad de perros vagabundos– o simplemente que quiere deshacerse rápidamente del problema.

No se explica de otra forma que el Ministerio de Salud no se haya pronunciado sobre un tema que afecta a todo el país y delegue funciones a las municipalidades para que se encarguen de un asunto que lejos de solucionarse está por comenzar.

¿O creen acaso que con los famosos chips detecta dueños –esos que están disponibles en Vitacura y Las Condes– terminarán por resolver el problema? ¿Qué pasará entonces con las poblaciones de nuestro país? Como la mal ponderada comuna de La Victoria que tiene una de las cifras más altas de sobrepoblación animal… ¿Qué pasará? ¿Lo mismo de siempre? Juzguen ustedes.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Chile - Perú

          Me parece ridícula la posición de algunos compatriotas chilenos que manifiestan a viva voz su repudio en contra de nuestros vecinos peruanos –aumentando las diferencias, la hostilidad, y las descalificaciones-, cuando los verdaderos conflictos del problema no somos nosotros, los ciudadanos, sino que los mandatarios.

Esteban Acuña, La Tercera, Sábado 21 de noviembre de 2009.

martes, 3 de noviembre de 2009

MALA NOTICIA, ADIÓS DULCE HOGAR

Todo iba en su curso normal. La radio, la familia, los amigos, la polola, los trabajos, la buena suerte y cómo no, la mala también. Pero todo lo bueno terminó cuando de boca de mis padres escuché la noticia que, lejos, más me ha impactado en los últimos días: Nos cambiamos de casa.

Toda mi vida he vivido en la comuna de La Florida. Ya son diecinueve años. Y ahora me entero que por problemas económicos la única alternativa para terminar con todo este mal cuento es vender la casa. Suena muy simple, pero la verdad es que para mí es un verdadero sacrificio.

Significa dejar atrás los recuerdos de mi infancia, niñez y adolescencia, y desplazar los recuerdos de mi juventud hacia otro espacio físico. Mis padres me dicen que seguramente será por acá cerca, pero esto va más allá de la distancia. Tiene que ver con el sentimiento de desarraigo. En otras palabras, dejar tu hogar para adaptarte a un ambiente totalmente distinto al que uno ya estaba acostumbrado.

Cuántas historias quedarán atrás; cuántos recuerdos; cuántas anécdotas. Tantas, que si nombrara sólo algunas desmerecería otras no menos importantes. Es que la verdad, nunca pensé que llegaría el día en que tendría que dejar mi casa por otro motivo que no fuera cuando estuviera listo y dispuesto a independizarme, única y exclusivamente fruto de mi propio trabajo. Pero todo parece indicar que llegó el día de abandonar la casa, y yo recién curso segundo año de universidad.

Mientras tanto, no queda otra alternativa que subyugarse a lo que depara el destino. Esto explica una vez más que las cosas en la vida no son como uno quiere. Pero es imposible soslayar algo muy importante: Nada ocurre porque sí. Siempre existe un trasfondo que explica el por qué y el cómo sucedieron las cosas. Los aciertos y errores que provocaron el éxito o el fracaso.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Hipódromo de Chile

La hípica: Afición de reyes y pordioseros

Si pensaba que era necesario tener unos cuántos millones en el bolsillo para practicar la hípica, estaba equivocado, sólo basta con doscientos pesos, el mínimo para una apuesta. Si además consideró que era un deporte sólo para la elite gobernante del país, déjeme decirle, se equivoca de nuevo. En el Club Hípico no importan las diferencias de clases sociales, ni las ideologías políticas, ni el ingreso per capita de cada uno de sus visitantes. Acá sólo importan tres cosas: primero, el caballo; segundo, el caballo; y tercero, el caballo.

El Hipódromo de Chile está ubicado en la comuna de Independencia, en Santiago. Con una pista de arena de 1.645 metros se corren las carreras de caballos más importantes del país. Entre ellas, el Clásico Saint Leger, El ensayo y el Derby. Juntas, son las Triple Corona de la Hípica Nacional.

El hipódromo fue fundado en el 1900, y se estrenó con su primera disputa de carreras el 19 de septiembre de 1904. Éste, junto con el Club Hípico de Santiago y el Valparaíso Sporting Club, son los tres clubes más reconocidos de Chile.


TRIBUNA

Una pasión que sólo algunos comprenden

Una vez comienza la carrera el ambiente se enciende. ¡Paaaartieron!, grita el comentarista, y la expectación crece. Se levanta un hombre con los brazos al aire, mientras el del lado lo sigue inmerso en el más profundo trance. El comentarista no cesa ni un segundo de ilustrar con sus palabras quién va en primer, segundo y tercer lugar, hasta el último potrillo. Los caballos se acercan a la meta y ya están todos de pie, envueltos en una atmosfera de desenfreno, chasqueando sus dedos, gritando, alegando y animando a sus caballos.

No hay mayor emoción que ver llegar a tu caballo en primer lugar, asegura el coordinador de apuestas, Manuel Bravo. Según él, la expectación que provoca presenciar la carrera; mas el nerviosismo por el tiempo que demoran en partir, la ansiedad de ser el ganador, y toda la emoción que brinda el espectáculo, genera esa adicción que atrapa a los apostadores.hipodromo

Una sensación que, asegura, el dinero no puede explicar. Por eso, muchos amantes de este deporte se transforman en jugadores compulsivos. Para Manuel Bravo no se puede comparar la hípica con los juegos de azar, porque detrás de ese caballo ganador existe toda una lógica que explica su triunfo.

En efecto, detrás del caballo ganador hay, en primer lugar, un jockey o jinete que se lleva el 10% de las ganancias cuando sale victorioso de la carrera. Y cuando no, se gana los improperios y descalificaciones de todos los apostadores que encolerizados reclaman por quien consideran el único responsable de la angustiosa derrota. Así, lo sigue un preparador que gana el 40%, y un propietario del caballo que muy sentado en la galería se une a las injurias en contra de los jinetes, pero cuando la suerte juega de su lado salen a recibirlos, y de pasada, llevarse el 50% restante de la victoria.

Mientras, los fanáticos no se despegan de las carreras hasta que la suerte se compadezca de ellos. Según el preparador de Estrella Audaz, Osvaldo Martínez, un aficionado, después de suplicarle al destino una última oportunidad, logró llevarse 6 millones de pesos por una buena apuesta que significó uno de los montos más grandes que él recuerda haya ganado un apostador.

La clave secreta del ganador

Dentro del mundo de la hípica existe una serie de códigos que un novato no lograría comprender. Las técnicas, pillerías, o las famosas cábalas que suelen utilizar los apostadores son claves indispensables para los jugadores compulsivos, aquellos que han hecho de este deporte una verdadera adicción.

Sólo ellos conocen el dato, es decir, saben a cuál caballo apostar para reducir el riesgo de perder la jugada. Son hombres con experiencia en las carreras y, en más de algún caso, sus padres, abuelos y hasta bisabuelos han participado de este mundo tan particular.

Si se va por jugadas pequeñas, apueste a Ganador: cuando el caballo que escogió llegue en primer lugar se llevará parte del premio. A Superfecta, si quiere jugar con un poco más de dinero, pero debe elegir a cuatro caballos y asegurarse de que lleguen a la meta en el mismo orden que usted eligió. Casi imposible para un novato.

Si busca apuestas mayores, como a las que están acostumbrados los preparadores o dueños de caballos, váyase directo a una apuesta Pollón de Oro, que consiste en acertar en trece carreras; si le parece muy complicado, en la Apuesta Doble de Mil ganará cuando los caballos que escogió lleguen en primer lugar en dos carreras consecutivas prefijadas. Eso sí que es suerte.

Sin embargo, aquí la suerte no discrimina, y desde los simples aficionados, hasta cuidadores, preparadores, jinetes o dueños de caballos, tienen la posibilidad de llevarse una buena parte de la torta que se reparte en las carreras. Hay que tener buen ojo y el don en las carreras, como le llaman algunos. Para ello, la mayoría de los apostadores, y sobre todo quienes llevan un juego constante, utilizan las famosas cábalas para reducir los riesgos de una derrota.

Mirarles las piernas a los caballos, apostar por el que ganó en la jugada pasada, utilizar el número resultante de combinaciones numéricas creadas por los mismos apostadores, o, incluso, una mirada sospechosa del jinete hacia las graderías, son algunas de las cábalas más típicas, que si bien pueden ser gestos pequeños, en más de una ocasión, pueden ser reveladores. Parece ser que la famosa herradura guardada en el bolsillo ya pasó de moda.

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El costo de la diversión

Desde el vecino que vive cerca del hipódromo hasta el Kike Morandé, el ex Presidente Eduardo Frei, el famoso escritor chileno, Antonio Skármeta y también el jugador de fútbol, Arturo Vidal, han llegado a las dependencias del recinto para desafiar a la suerte cara a cara.

Si los personajes que visitan el lugar llaman la atención, los nombres de los caballos lo son aún más. Baila Morena, Da Vinci, Nadal, Rocaman, Della Francesa, entre otros, son algunos de los extraños nombres que los dueños dan a sus caballos.

El empleado administrador del hipódromo, Nibaldo Yañez, dice que los nombres de los caballos son simplemente la anécdota de su dueño personificada. Seguramente, Lizama (el dueño del caballo Baila Morena) vio a una negra bailando y se le ocurrió ponerle así nomás poh’, dijo entre risas.

apuesta Sin embargo, toda diversión tiene su costo. Si quiere mantener un caballo, le advierto, tiene que invertir entre los 250 a los 300 mil pesos. Pero para los administradores nada de eso importa.

Según el coordinador de apuestas, Manuel Bravo, las apuestas mueven alrededor de 450 y 600 millones diarios, y todos los recursos que sobran, como toda institución privada, se reparte entre los accionistas. Así funciona la cosa nomás, dice él.


La hípica se ha transformado en un clásico dentro de la idiosincrasia chilena. Pero cuidado, puede llegar a ser un mundo completamente desconocido para quienes nunca han experimentado la estrepitosa sensación que experimentan grandes magnates y pordioseros que ruegan por Dios ver a su caballo cruzar la meta en primer lugar.

viernes, 28 de agosto de 2009

Devotos del calor en Santiago centro

¡Esto es un vicio! me aseguró “el Pelao”– cuando le pregunté por qué venía tan seguido a los baños turcos–. Pero un vicio sano, compadre –terminó diciendo. Es que desde hace 23 años es cliente del mismo sauna y no ha dejado una semana sin visitar el lugar. Un hombre que, sin duda, disfruta del calor. Y no es para menos, si se pasea de sala en sala, desde los 45 hasta los 70 grados de calor. Perfecto para limpiar y estimular el cuerpo –me aseguró– es que no existe mejor terapia que ésta.

sauna 
Baños Turcos Miraflores & SPA”, es el baño de ‘salud y belleza’ más decente que logré ubicar. Por lo menos, las fotos de la Web, en su página oficial, me convencieron de eso. Esto es de otro nivel, me dije, cuando vi las primeras fotos: una entrada reluciente como de esos ‘resort’ del barrio alto; baldosas impecables; máquinas de última generación. Comparadas con las imágenes de otros SPA, esto era la ‘créme de la créme’.

Lo primero que intenté fue capturar la misma imagen que ese increíble fotógrafo hizo de una simple entrada una lujosa bienvenida; pero fue inútil. No me sorprendió cuando comprobé que una buena cámara fotográfica puede hacer maravillas.


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Al principio, y a primera vista, no fue agradable encontrarme con hombres paseándose en pelota, con el racimo colgando; ni chapotear por el piso mojado, mezcla de humedad y transpiración; menos sentarme donde todos –con o sin toalla– apoyan su trasero o su verga; tampoco aguantar el calor sofocante, que sólo gracias al aroma del eucalipto hacía más grato el ambiente. Así y todo, debo aceptarlo, poco a poco, me dejé estar, me eché al bolsillo los temores y comencé a tomarle el gusto al calor que invadía mi cuerpo.

Descubrí, de paso, que “salud y belleza” no era el mejor slogan para referirse con lo que me encontré dentro. Para qué, me pregunto yo, si quedaría mucho mejor así: “Baños Miraflores, años y kilos de más en un solo lugar”. Si se paseaban como Pedro por su casa, con sus barrigas hasta el suelo, en su más íntima faceta. Así se conocían todos, sin pudores ni temores, como ‘Dios los trajo al mundo’.

Gordos, flacos o terciarios de edad. Da igual. Más de uno, si es que no eran la mayoría, cliente frecuente; uno que otro – tres de cada cinco, dijo uno de los clientes, entre los que estaban allí –, debía ser gay; la duda invadía sin quererlo.

Las ‘tallas’ iban y venían dentro del sauna. Fue allí uno de los pocos momentos en que se armó una suerte de conversación. Ellos ya se conocían, se molestaban, si era en serio o no, no lo sabía, pero salía más de una de esas bromas en doble sentido; sin duda, eran los conocidos de siempre. Luego de unirme a las risas, el calor fue más fuerte de lo que pude aguantar y tuve que salir de ahí lo antes posible. Transpirado, totalmente sudado. De ahí, el giro fue radical.sauna 3

¡Qué mejor lugar para soltar tensiones! Sudaba y sudaba, y quería sudar más, sentir la gota gorda correr rápidamente por mi rostro. ¡Necesito más calor! Y me dirigí a la sala más calurosa y allí me quedé. Salí, abrí la ducha, dejé caer el agua fría sobre mi cuerpo. Volví al vapor, ahora a una sala de madera de alta temperatura, con el carbón acompañándome, al rojo vivo. Otra vez salí, directo a la sala evaporada. Luego, a la sala del eucaliptus. Ahora a la sala sofocante, donde costaba respirar. Y así... hasta que colapsé.

Cuando reaccioné, vi un anciano de aspecto venerable que en las duchas se refregaba sus partes íntimas con tanta dedicación y furia que no pude aguantar las ganas de reírme; se dio media vuelta, y el octogenario, con la misma perseverancia, aplicó esponja y jabón, esta vez, en su trasero. Notable, ¿no? Se sentía un hombre realizado. Pero ojo, un dato, transpirar no significa adelgazar, significa deshidratarse, que es bien distinto. Por eso se vende desde la cerveza con limón hasta el Gatorade para deportistas.

¡Qué naturalidad! ¡Qué dedicación! Me costó creer que existiera en este país un lugar donde la intimidad y el pudor quedaban tan fuera de lugar. Y es que existen otros mundos dentro de un mismo país, el problema es no encontrarlos, o siendo más sinceros, el problema es no buscarlos. Pero están allí, frente a nuestros ojos.


sábado, 18 de julio de 2009

La justicia por nuestras propias manos

Cuando llegué a Paris con Londres, habían miles de jóvenes amontonados frente al Hotel Vegas. Lanzaban improperios, escupían y reclamaban. Me acerqué rápidamente a la masa. Quería saber de qué se trataba el espectáculo. DSC00652 

Me abrí paso entre todo el gentío y divise un hombre que fisgoneaba igual que yo. Ni le pregunté su nombre, sólo que me contara qué provocaba toda esta batahola:

“Un flaite le robó a una señora. No sé qué le habrá cogoteao, pero un cabro chico del Instituto Nacional lo pilló y le avisó a los demás. Entonces todos salieron detrás de él. El ladrón corrió y a la primera hueá que atinó fue a entrar al hotel que está ahí. Y ahora lo están esperando afuera. Si sale, lo van a hacer cagar”, relató el caballero.

Efectivamente, los estudiantes del Instituto Nacional querían linchar al ladrón. Alrededor de lugar, mientras los colegiales armaban tan increíble exhibición, señoras, señores, trabajadores y turistas miraban con preocupación y curiosidad; otros grababan y fotografiaban como si el mundo se fuera a acabar.

Una turista española, con una vestimenta de colores y un sombrero muy particular, gritaba desesperada, una y otra vez: “¡Llamen a los carabineros, por favor, llamen a los Carabineros!”.

Se veía angustiada, pedía ayuda como una loca, y gracias a su peculiar acento, no pasaba inadvertida. Es más, todo el grupo de estudiantes que había allí la amparaba. Comprobé entonces que ella fue la atracada.

”¡Sal ahora por maricón!” “¡Lanza conchetumare te vamo' a’ sacarte la chucha!”, exclamaban algunos jóvenes estudiantes, que no tenían entre sus posibilidades buscar salidas  diplomáticas. Yo miraba y entre el olor a mierda – pisaron excremento de perro, y lo esparcieron por todos lados– y el griterío que no cesaba, pregunté a uno de los estudiantes:

- ¿Qué pasó acá, compadre?
- Ese feo culiao le robó la cámara (fotográfica) a la señora y lo' salimo’ persiguiendo, le pegamos sus pata’ en la raja pero alcanzó a entrar al hotel. Cuando salga le vamo’ a sacar la chucha por weón. Espérate nomá'.

-
¿Y la cámara?
- No sé, compadre, no tengo idea. Calmao, mira…

DSC00655Sonó la puerta de golpe, se abrió y apareció el culpable, el provocador de todo este escándalo. Alcancé a ratificar rápidamente que era flaco y moreno, después no vi más, todos los cabros se abalanzaban en su contra.

Llovían golpes, escupos, y garabatos. Formaban onomatopeyas. Era una paliza. Era un desquite.

- "¡Deténganse! ¡Suficiente!" -gritaba un señor. Otras personas lo apoyaban.
- "¡Oye, viejo culiao, no vei’ que es un ladrón, no va a cambiar. Hay que puro pegarle!” – le contestó un joven que vestía de uniforme.
El señor le contestó:
- "¡Pero están haciendo justicia con sus propias manos! ¡Carabineros debe arreglar el asunto, no ustedes!".

El joven insistía con sus argumentos que dejaban claro que para él el delincuente era un maricón que ahora tenía lo que se merecía por haber hecho lo que hizo. Pero el señor continuaba:

- “Ustedes, en grupo, están siendo igual de maricones o peores que él por agarrarlo entre varios. Ahora ustedes son los criminales".
- "Bueno, dile a los pacos culiaos que vengan pa’ acá entonces po’ – le respondió el joven, desafiante.

Existe un repudio generalizado en contra de la delincuencia. La comunidad tiene miedo. Prefiere sentenciar antes que convertirse en víctima. Se les acabó la paciencia y la confianza por cualquier autoridad que dice combatir la criminalidad. En cambio, lo reemplazó el odio, la rabia y la venganza. Se apoderaron de cada cuerpo, de cada alma, y cualquier situación sirve para despojarse toda esa carga. ¿La ciudadanía tiene el derecho a juzgar y a hacer justicia con sus propias manos?


Cuando se logran calmar un poco las ansias, llegan Carabineros. Se escuchan las pifias en repudio por el atraso y la manera en que llegan imponiendo el orden.

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“Pacos culiaos, vienen a puro webiar, después va a salir en los diario que ellos fueron los que pillaron al flaite, cuánto te apuesto", gritó un adolescente con todas sus fuerzas a lado de un Carabinero. Éste lo fue a encarar.

¿Qué sucederá el día cuando se pierda total respeto por la autoridad?, ¿cómo se intentará imponer el orden? Soy un convencido de que el respeto se gana y no es inherente. ¿Será, quizá, que no se lo han ganado?

El vándalo yacía arrodillado en una esquina de la entrada principal del hotel. Carabineros lo esposó. Acto seguido, llegaron fuerzas especiales. Entre el tumulto se escuchaban pifias y burlas. De pronto, cuando se llevaban al ladrón, todos aplaudieron. Pero no felicitaban al trabajo de la policía. Los estudiantes orgullosos de su acto, vociferaban que fueron ellos los que hicieron justicia. Los espectadores los seguían también con las palmas. El ladrón se iba escoltado por la policía.

DSC00653Lo llevaron hasta un retén. Caminaba sin polera, sin zapatillas, moreteado y escupido. Así terminó todo. Todos los espectadores se dispersaron, y otros continuaron su rumbo.

El moreno no va a cambiar. Una golpiza y una humillación de tal envergadura no es suficiente para darle una lección... Continuará delinquiendo. Quizá, para la próxima, tendrá un poco más de cuidado. Aunque puedo asegurar que nadie tenía la intención de que el flaco cambiara. Simplemente, fue una venganza, un desquite. Fue un reclamo generalizado.

DSC00658 La gente está cansada de atropellos y abusos. No sólo de quienes con cuello y corbata - y con gran sutileza - se han venido riendo frente a nuestras caras, socavando día a día nuestros bolsillos. También de todos aquellos que violan nuestra seguridad y siembran el terror.

Me refiero a esos ladrones que aprovechan el menor descuido para arremeter con fuerza y cautela, arrebatando lo que a la gente de esfuerzo les ha costado trabajo.

Hace mucho tiempo ya que desapareció eseRobin Hood, que robaba a los ricos para entregarles a los pobres. Ahora es distinto: entre su misma gente, también vale.